Junio 2007

   “EMPLEADA, ni sirvienta, ni criada”indio

 

 

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Dignificar la profesión de empleada doméstica es un bien para todos ante la crisis de cuidados que se está generando actualmente en la mayoría de las familias. El ritmo de vida tan acelerado que llevamos, con la consiguiente merma de tiempo que ello genera, convierte el empleo doméstico casi en una necesidad. Nos gusta tener esa parcela bien ordenada y controlada y, para ello, deberíamos tener presente que las personas que trabajan en el hogar, al igual que el resto de nosotros, han de contar con una regulación laboral digna que les permita desarrollar sus tareas con la misma satisfacción personal de cualquier otra profesión.

Es por ello que desde Andalucía Acoge estamos llevando a cabo la campaña de sensibilización “EMPLEADA, ni sirvienta, ni criada”, para la revalorización del empleo doméstico (Programa Equal Concilia-lo, cofinanciado por Fondo Social Europeo). El objetivo es mejorar las condiciones laborales del sector, promover una mayor sensibilización e información y establecer medidas y buenas prácticas para la intermediación entre la oferta y la demanda.La mayoría de los trabajos se regulan por el Estatuto de los Trabajadores y por el Régimen General de
la Seguridad Social. Pero el empleo doméstico tiene una normativa laboral y de seguridad social especial. Fueron creadas hace más de 20 y 40 años y contienen graves discriminaciones como: sin derecho a desempleo, la incapacidad temporal se cobra al 29 día, menores indemnizaciones y se permite el contrato verbal y sin registro, entre otras.
Esta realidad se hace aun más grave si atendemos a cambios socioculturales que incrementan las demandas de personas empleadas de hogar. Factores como el envejecimiento de la población, la incorporación de la mujer al mercado laboral “formal”, el incremento de personas con dependencias o mayores de 65 años (para 2050 España será el país de
la UE con mayor proporción de personas mayores de 65 años y personas con dependencias) y la insuficiencia de se servicios públicos de cuidados.
Actualmente hay más de 300.000 personas afiliadas al régimen especial de la seguridad social del empleo doméstico, pero se estima según datos de
la EPA, que al menos un 60% se encuentra fuera del sistema de
la Seguridad Social. Y los datos más representativos, son que en España el 62% de las afiliaciones en el sector lo componen personas extranjeras (98% no comunitarias) y el 93% mujeres, desarrollándose lo que se conoce como la transferencia de los cuidados del Sur al Norte.
     Ante esta situación es necesario hacernos responsables. Y esta será una responsabilidad compartida por parte del Estado, de las familias o personas que contratan, por las personas empleadas de hogar y por la sociedad en general.Para este “nuevo yacimiento de empleo” es necesario un cambio y éste tiene que ser inminente. Desde Andalucía Acoge valoramos positivamente la apuesta del Gobierno de pasar
la Seguridad Social del Empleo Doméstico al Régimen General. Pero para lograr un cambio real y justo, el Gobierno deberá modificar también la normativa laboral del sector. Y esto es diferente, a la creación de empresas de inserción como también ha anunciado el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Porque estas empresas no van a evitar la contratación entre particulares, y es ésta la relación laboral que hay que proteger.
Para que nuestras propuestas se conviertan en apuestas, desde Andalucía Acoge junto a 15 entidades, en marzo de 2007 hemos presentado al gobierno una nueva normativa alternativa a la actual regulación del Empleo Doméstico. Normativa que el Gobierno ha recibido y traspasado a las Secretarias de Estado competentes para su estudio.En definitiva, Andalucía Acoge exige que se eliminen todas las discriminaciones explícitas o implícitas del Empleo Doméstico y del mercado laboral por razón de sexo, etnia, nacionalidad o religión.            Cuando limpiar, cocinar, cuidar y educar se convierten en acciones invisibles, menospreciadas e infravaloradas hace que actividades tan cotidianas y necesarias para la vida diaria, pierdan incluso el principal sentido para el que fueran creadas: mantener sanas y equilibradas las bases del sistema de bienestar. No hay ni una sola persona en el mundo que no necesite desarrollar en su vida alguno de estos cuatro trabajos. De hecho, dependiendo de en qué momento de su ciclo vital se encuentre, va a necesitar de ayuda externa para cubrirlas, que habrá de solicitar o contratar.     Durante siglos, las familias han cubierto los cuidados que han necesitado sus integrantes, y también durante siglos, han recurrido a la contratación externa de estos servicios. En un principio las contrataciones se realizaban en régimen de esclavitud o semiesclavitud para pasar posteriormente a un régimen de servidumbre. Y solo por el siglo XVIII, fue cuando las familias que se lo podía permitir, dividieron los roles de la pareja, repartiendo el trabajo necesario para la familia. Así la mujer trabajaba dentro de la casa, desarrollando las acciones necesarias para el manteniendo físico y emocional del núcleo familiar y el hombre trabajaba fuera de casa, cubriendo las necesidades económicas.      Esta distribución de roles, que en su origen parte de un reparto equitativo del trabajo, pasa a convertirse a lo largo del tiempo en dos espacios antagónicos: lo valorado y lo desvalorizado, lo visible y lo oculto, lo público y lo privado, lo que produce dinero y lo que produce ahorro, riqueza y ganancias pero no se tiene en cuenta, ni en los presupuestos familiares ni por supuesto en los presupuestos de los gobiernos.     Ante esta situación es de esperar que, ni la valoración ni la legislación que ha regulado y regula el Empleo Doméstico, cubra ni sea acorde con la función socioeconómica que este empleo cumplía y cumple actualmente. 

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Para más información de la campaña:www.acoge.org