julio 2007

Año europeo del dialogo interculturalindio

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 Año tras año y desde 1983,
la UE elige anualmente un tema de acción, con objeto de sensibilizar al ciudadano europeo y de señalar esta cuestión a la atención de los gobiernos nacionales. El Parlamento Europeo y el Consejo de
la Unión Europea, el pasado 18 de diciembre de 2006, designaron al próximo año 2008 como el año europeo del dialogo intercultural.  Esta decisión supone un punto de inflexión en tanto que se asume la necesidad de crear un nuevo marco de convivencia que refleje la nueva realidad social, étnica y cultural europea que supera con creces a la tradicional visión de nosotros mismos.

Para encontrar el origen de esta iniciativa nos debemos remontar hasta el año 1993, en el que comenzó este debate mediante un trabajo conjunto inicial en el que se abordó la lucha contra el racismo y la xenofobia, como síntoma de la preocupación de los estados por los problemas de convivencia que una sociedad multicultural como la que se estaba gestando pudiese ocasionar en el viejo continente.

Quince años después vuelve a verse la necesidad de abrir este diálogo sobre la convivencia entre culturas, debido en gran parte, a la velocidad de los cambios sociales que provocan que necesitemos un nuevo modelo de convivencia que dé forma a esta nueva Europa, en la que coexiste la tradicional ciudadanía europea con personas de países extracomunitarios a las que debemos dar algún tipo de estatus.

Este nuevo modelo de convivencia que se plantea, significa reconocer a la persona inmigrante no sólo como un agente económico que contribuye al desarrollo de nuestro bienestar social (que lo es) tal y como se afirma desde
la Oficina Económica del Presidente del Gobierno en el informe “inmigración y economía española: 1996-2006”, sino que hay que entenderlo de una forma amplia en la que se reconozca la revitalización cultural y la diversidad como un input para nuestra sociedad.

Para esta apuesta, en la práctica, se necesita que las personas que se acercan a nuestras ciudades y pueblos no se vean condenadas a guetos étnicos o asentamientos urbanos. Implica, por contra, crear mecanismos sociales y residenciales de apoyo que les permitan incorporarse a nuestra sociedad en condiciones de igualdad, en lugar de verse abocados a la separación y exclusión a través de continuos desalojos policiales.

Apostar por este modelo, supone también garantizar que los hijos de estas personas, al igual que los nuestros, puedan acceder a un sistema educativo normalizado y de calidad en el que la diversidad se vea de una forma natural. Así, nuestras Lucías o Lauras, experimentarán desde pequeñas que el ramadán que practica Ahmed, es una práctica religiosa tan respetable comola Semana Santa Católica.

Sociedad intercultural, significa asimismo, considerar a la persona inmigrante como un ciudadano reconocido, otorgándole la posibilidad de que ejerza un derecho como es el voto, tal y como sucede en otros países europeos como Bélgica, Irlanda, Austria o Dinamarca. De esta forma, al igual que estas personas trabajan, cotizan a
la SS, apoyan el crecimiento económico de nuestro territorio, deberían poder opinar sobre las decisiones que les afectan de forma directa.

Por lo tanto, el ejercicio que debemos hacer desde la ciudadanía, no es sólo asumir esa propuesta de diálogo participativo para la construcción de un nuevo modelo de convivencia, sino también  trasladarlo hacia la clase política, para que ésta  asuma ese mismo modelo consensuado por la ciudadanía.

Así, en poco tiempo, hablar de educación para la diversidad cultural, diversidad religiosa, mediación intercultural o interculturalidad, se convertirán en una realidad aceptada por todos, superando la realidad actual.

Mikel Araguás

Director APIC – Andalucía Acoge

apic@acoge.org