Nuestra amiga, la pintora y escritora Mar Sánchez, ha publicado un nuevo libro, se trata de un poemario con ilustraciones de la autora que lleva por título “Paraísos Olvidados” publicado por Ediciones Patxi, de Granada. Si ya tuvimos la ocasión de deleitarnos con la exposición de pintura organizada por El Foro en los albores del pasado verano, ahora, esta mujer de carácter renacentista y espíritu indomable, nos regala una colección de poemas cuyo eje central es ese sentimiento tan universal como contradictorio y, a la vez, desconocido: El Amor.
El poemario de Mar es un abordaje descontrolado a los cajones de la intimidad, una confesión necesaria y útil para tener el corazón en paz y seguir caminando mostrando las cicatrices como un atuendo más de nuestra imagen. Alguna vez dije que escribir poemas es como vomitar, o desangrarse o convertir cada verso en un preciso bisturí con el que diseccionarnos de arriba a abajo y mostrar los gusanos o las mariposas, según, y enfrentarse al vacío o a la desesperación de ser, nosotros mismos, principio y fin de nuestros desahogos. Por eso hay que ser muy valiente para sacar a la luz un libro de poemas, porque el poeta, la poetisa, en este caso mi queridísima Mar, se queda desnuda ante el mundo exponiendo esos retales de los sentimientos de los que, generalmente, sólo saben los espejos y las almohadas. Eso si, reconozco que “Paraísos Olvidados” ha representado para mi una sorpresa, pues después de haber leído innumerables textos de Mar Sánchez, llenos de erotismo, picardía y humedad, estos versos se presentan sencillos, honrados, limpios, directos, casi vestidos por una inocencia adolescente que es, a fin de cuentas, el terreno perdido, incluso olvidado, en el que Mar ejercita su regresión particular y a la que nos invita. Quizá sea ese amor sin carne, y no por ello menos descarnado, la patria de esos paraísos que fuimos apartando del camino en busca de esos triunfos inmediatos y perecederos que nunca han habitado nuestra melancolía como aquellos, los que a la postre, son capaces de provocar la ternura de nuestros demonios personales y convertirlos en versos. Enhorabuena bichilla.





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